Apoteosis del Carnaval de Barranco
(Barranco, ciudad de Lima) Visitamos Barranco un par de días después de la batalla de la calle Miraflores y su épico Triangulito. Triangulito, es bueno mencionarlo, construido gracias al empuje de los muchachos del Proyecto Barrio y el apoyo absoluto de la vecindad de las calles Miraflores y Cajamarca. En ese pedacito de vida, un pequeño jardín en medio del tráfico de autos y combis a toda prisa, chicos y grandes se reúnen desde hace un tiempo y a cualquier hora del día para conversar, para pasarla bien. Así de sencillo. Ese es el espíritu que anima al Proyecto Barrio, colectivo ciudadano que desde su creación tuvo las cosas claras: la calle es de todos y bien vale el empeño por hacer de cada uno de sus espacios, ecosistemas urbanos donde se exprese con libertad la fiesta de la vida en comunidad, en barrio…
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Atrevidos los Barrio, de la reforestación y las campañas de sensibilización pasaron a la acción política, a ganar las avenidas y el ritmo de la ciudad para proponer un mejor vivir. Y el Carnaval de Barranco, tan antiguo como el distrito, volvió a nacer, esta vez impulsado por la fuerza de la juventud que se fue pasando la voz para preparar comparsas, batucadas, bandas de música, “pandillas”, de todo para disfrutar de lo lindo. Con baldazos de agua, pintura fresca y harto globos. Una especie de Mardi Grass con cadencias andinas y rock and roll. De hecho, en la versión 2008 del carnaval barranquino tuvimos la oportunidad de vibrar con un grupo de danzantes de tijera al tiempo que gozábamos con los frenéticos movimientos de Ricky Wiesse y La Mente, la más emblemática de las bandas del tradicional distrito sureño .
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Es clarísimo. El carnaval de Barranco se fue convirtiendo -por acción popular- en todo un clásico en esta Lima carente de gracias e iniciativas espontáneas. Gente de todas partes se reúnen a festejar un día de francachela, de reencuentros, de música, de tropel y correteaderas callejeras. También de cervecitas y vivandas criollas, de anticuchos, pancita, sanguchones. Las familias y las patotas reunidas para disfrazarse, pintarse y mojarse. Sin agresiones ni bravuconadas, sí, tal vez un poco de descontrol; del sano, se entiende, de ese que alborota a los cariocas y a los de Puno cada febrero impostergable. Una reunión de gente feliz, dispuesta a la diversión y el desacomodo.
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Así se vivió el carnaval 2010, versión Facebook y convocatoria clandestina. Al menos así se vivió hasta las 10 de la noche del sábado último cuando un contingente de policías de asalto -45 efectivos según los testigos- tomó por sorpresa la fiesta y a punto de represión convirtió el carnaval en rompanfilas y desbande total. La tragedia rondó Barranco y la sinrazón municipal-policial estuvo a un triz de regalarnos un nuevo Baguazo. En vez de agua, serpentina y picapica lo que empezó a volar por los aires, ni bien hizo su ingreso la fuerza policial, fueron las bombas lacrimógenas y los varazos a diestra y siniestra. No se salvaron ni los niños que celebraban junto a sus padres ni Lolo Arteta y Didi Gómez, barranquinos de pura cepa y gente de bien.
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¿La razón? Sería bueno saberla. Parece que al alcalde Antonio Mezarina no le gusta, le incomoda la fiesta y decidió impedir a toda costa su realización. No autorizó el permiso para llevar a cabo el carnaval de este año, provocando, entre otras cosas, que los muchachos del Proyecto Barrio desistieran de su organización. Y no iba a haber carnaval este febrero, eso era clarísimo hasta el viernes último para los vecinos del Triangulito; sin embargo, la gente se auto convocó a través de las redes sociales y en un santiamén tres mil muchachos llegaron la tarde/noche del 27 para rendirle pleitesía a su nueva deidad y el Rey Momo fue nuevamente vitoreado por la muchedumbre y se bailó en su honor.
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Para Gonzalo Nieto, vecino de la calle Miraflores, la idea de celebrar la fiesta de este año no era otra que seguir impulsando la tradición. “En todas las versiones del carnaval de Barranco a las que he asistido he terminado haciendo más amigos y conociendo mejor a mis vecinos, por eso es que nos reunimos para salir a festejar nuestro carnaval. Hasta ahora no me explico la reacción de la municipalidad para enviar a la policía con gas lacrimógeno a un lugar donde había niños y jóvenes celebrando la vida. Este ataque a la población es parte de una visión global del alcalde y de la municipalidad que no quiere escuchar las necesidades de la población. Un ejemplo más es lo que sucede con el Metropolitano que divide a Barranco en dos”.
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Los del Proyecto Barrio tienen una visión más formal del carnaval, más cultural, mucho más educativa. Para Sebastián Solari y los Alayza, Mateo y Gabriel, el Carnaval de Barranco debería seguir siendo un acto cultural, un producto de la comunidad en que cada uno puede dar vida a su creación. “Lamentablemente, hace más o menos tres años, el carnaval empezó a mutar y hay el temor de perder la noción de cultura, de participación, de mejora”, afirman. “Los espacios públicos son el centro de las actividades culturales y cuando quieres minar a una sociedad, atacas su cultura, su arte y sus tradiciones. La creación cultural genera un poder inmenso en las personas lo que permite decidir por uno mismo y eso es peligroso para las autoridades”. ¿Será esa la razón de este atropello? Tal vez esta sinrazón nos dé las herramientas para que en adelante se festeje un carnaval más coherente con los objetivos del Proyecto Barrio y nos permita tener una visión más amplia acerca de la ocupación de los espacios públicos y la creación cultural, como nos dice Nieto. Mientras tanto que el Rey Momo descanse y esté atento a la próxima convocatoria. Sin Mezarina y con la nueva autoridad edil a la cabeza, en representación de una comunidad, la de Barranco, formada en su mayoría por gente que ama la calle, su calle…la libertad.
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